Aterrizaje entre las estrellas: Promedios en la sociedad

Blog original en inglés por Naomi Dalchand
Originalmente publicado 26 de Abril 2018
Traducio por Mariah Dooley, Editado por Curtis Green

Mientras ayudaba a mi hermana a prepararse para su entrevista de trabajo hace unas semanas, me sorprendió que no creyera que estaba lo suficientemente calificada para conseguir el trabajo.

Houdini

Mi gato, Houdini, ¡no podía creer la inseguridad de mi hermana! Mi expresión era la misma (no fotografiada). (Imagen de Naomi Dalchand)

Su confianza y entusiasmo sobre el trabajo se desvanecieron cada vez que pensaba en su GPA (promedio de calificaciones). “El solicitante promedio tiene un 3.9”, dijo, y le aseguré que tenía otras cualidades que la considerarían adecuada para ese puesto. Después de que terminó nuestra videollamada, no pude evitar de pensar en los momentos en los que las estadísticas del solicitante “promedio” afectaron mi vida.

“¿Estoy calificado?” Fue un pensamiento que me vino a la mente cuando apliqué para empleos y en la universidad, y nuevamente cuando estaba postulando para la escuela de postgrado. Recuerdo haber clasificado ciertas escuelas con palabras como “seguridad”, “posible” y “alcance”. Mis compañeros de clase también usaban estos términos cuando se referían a escuelas e incluso a empresas en las que querían trabajar. Muchos consejeros universitarios y asesores académicos también han usado estos términos al discutir los planes de graduación posterior con los estudiantes. Muy a menudo, determinamos este sistema de clasificación al comparar el GPA del estudiante interesado, puntajes de GRE, puntajes de SAT y actividades extracurriculares con la del aspirante “promedio”. Nunca cuestioné este enfoque, ya que este sistema de clasificación había estado vigente durante todo el tiempo que estuve en la escuela. Sin embargo, después de hablar con mi hermana, comencé a preguntarme por qué la comparación con el solicitante promedio es el estándar.

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En la universidad, trabajé para equilibrar algunas de mis actividades extracurriculares favoritas, como jugar el diábolo con estudiar para los exámenes. (Imagen de Naomi Dalchand)

Como alguien que realmente disfruta de la historia, comencé mi investigación con el origen del “promedio de la sociedad”: Adolphe Quetelet. Quetelet, un astrónomo de formación, utilizó las matemáticas de la astronomía para desarrollar una definición de “promedio” al describir una sociedad. 1-2  Él sabía que cuando los científicos toman múltiples medidas de la velocidad de los objetos celestes, obtienen una medición diferente cada vez; por lo tanto, toman un promedio estadístico para obtener la velocidad general. Él extendió el concepto del promedio estadístico en relación a las personas.

Sin embargo, en la definición de Quetelet, el promedio no se consideraba “mediocre”, sino que era el ideal. Cualquier cosa que se desviara del promedio, en cualquier dirección, estaba muy lejos de lo que uno se esforzaría. Esta no es la definición que existe hoy en la sociedad, o al menos no es con la que tendemos a identificarnos. Pero esto fue interesante por dos razones: aprendí que el uso de promedios en la sociedad tiene raíces científicas, pero quizás lo más importante es que aprendí que esta definición puede cambiar.

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Cuerpos celestes. (Imagen de la NASA)

Recientemente, al solicitar varias becas, el pensamiento de “promedio” consumió mis pensamientos una vez más. Comencé a pensar en mi currículum y en cómo yo era débil en algunas áreas y fuerte en otras. Fue entonces cuando decidí cambiar mi percepción del solicitante promedio. Pensé en lo que le había contado a mi hermana y me di cuenta de que con todas las variables que se consideran en una aplicación, tener todas las características del solicitante promedio en una persona es muy raro e incluso poco realista. Se volvió insignificante y perjudicial compararme con algo que ahora parecía tan irreal.

Este entendimiento surgió de un ejemplo en el libro de Todd Rose, The End of Average (El final del promedio), y me ayudó a ganar confianza como solicitante. En este ejemplo, Rose describe a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en la década de 1940. Cuando la Fuerza Aérea quiso diseñar las cabinas de las aeronaves nuevas para el combate, utilizaron las medidas promedio de los pilotos, incluida la altura, la longitud de las extremidades y el tamaño del cofre. Este enfoque, sin embargo, dejó a muchos pilotos heridos y las lesiones apuntaban al diseño de la cabina. En este caso, el diseño “medio” de la cabina no era ideal para muchos de los pilotos. De hecho, ¡no se ajustaría a un solo piloto individual! 1

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Regla típica utilizada para mediciones corporales. (Imagen por wikimedia, Enlace)

El ejemplo de este libro me impactó y, como mencioné, he ganado confianza como solicitante como resultado de ello. Ya no me esfuerzo por cumplir los requisitos del solicitante promedio; ahora me esfuerzo por mostrar mis propias fortalezas. Para citar a Sherlock Holmes,

“Mientras que el hombre individual es un rompecabezas insoluble, en conjunto se convierte en una certeza matemática. Por ejemplo, nunca puedes pronosticar lo que hará algún hombre, pero puede decir con precisión qué hará un número promedio de hombres. Las personas varían, pero los porcentajes permanecen constantes”. 3-4

Esta cita continúa inspirándome para ser yo mismo. ¡Me recuerda que soy más que números recogidos de un grupo de personas, que soy un individuo multidimensional, único y un solicitante increíble! Para parafrasear un viejo refrán, arriésgate y no dejes que las estadísticas te asusten porque no puedes aterrizar entre las estrellas a menos que apuntes hacia ellas.

Y en cuanto a mi hermana, ¡ella consiguió el trabajo!

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¡Tome riesgos y alcance las estrellas (Incluso si eso significa literalmente)! (Imagen de Pixabay)


RECURSOS EDUCATIVOS (en inglés)


REFERENCIAS

  1. Rose, Todd. The End of Average: How We Succeed in a World That Values Sameness. HarperOne, 2016, Print.
  2. Jahoda, Gustav. “Quetelet and the Emergence of Behavioral Sciences,”  SpringerPlus, 2015, 4:473. doi: 10.1186/s40064-015-12617
  3. Pennington, Maura. Sherlock Holmes: A Case for the IndividualForbes2012.
  4. Doyle, Arthur Conan. The Sign of the Four. Lippincott’s Monthly Magazine, 1890, Print.

 

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