¿En qué consiste el “efecto Matilda” y cómo podemos contribuir a que se reconozca más el trabajo de las científicas?

Blog original en inglés por Christy Haynes
Editado por Becky Rodriguez
Publicado originalmente: 8 de Marzo de 2017

Como una mujer que se ha dedicado a la ciencia, y que ha acumulado éxitos importantes y también ha luchado contra algunos obstáculos evidentemente relacionados con el género a lo largo de su trayectoria, me esfuerzo mucho por no abordar el ámbito profesional con una perspectiva de género prejuiciada. Sin embargo, hoy es el Día Internacional de la Mujer y se acerca al Día de la Igualdad Salarial, así que parece oportuno escribir acerca de un asunto importante en las ciencias: la forma en que las contribuciones de las mujeres científicas suelen pasar desapercibidas o atribuírseles erróneamente a sus colegas hombres. Entre quienes se dedican a las ciencias sociales, este fenómeno se conoce como el efecto Matilda”.

Matilda

Matilda Joslyn Gage, de quien el efecto Matilda recibe el nombre (imagen de la Wikipedia)

Numerosas investigaciones científicas demuestran que los prejuicios implícitos contra las mujeres en la ciencia ocasionan todo tipo de problemas. (Recordemos que implícito, cuando hablamos de prejuicio implícito, se refiere al hecho de que no se trata de un prejuicio consciente ni deliberado). Por ejemplo, sabemos que es más probable que tanto los editores como las editoras hacen comentarios positivos sobre artículos científicos cuando los autores principales son hombres.1 De manera similar, es más probable que tanto los hombres como las mujeres a cargo del otorgamiento de becas brinden puntajes más altos a los solicitantes que son hombres,2 y es más probable que tanto los hombres como las mujeres gerentes contraten a científicos del género masculino (y les paguen salarios más altos).3

Aunque soy consciente de estos problemas, por lo general no deseo invertir energía en buscar ejemplos de estos tipos de prejuicios en mi propia vida. No es que no me molesten; por supuesto que lo hacen. Lo que ocurre es que, quizás ingenuamente, y porque trabajo con gente progresiva y considerada, espero que mi objetivo de hacer aportaciones a las ciencias me haga inmune al efecto de los prejuicios. Sin embargo, recientemente, el libro que estoy leyendo con mi hija de 5 años me dejó pensando en el efecto Matilda y en cómo afecta a la comunidad científica en conjunto.

GoodNightStoriesForRebelGirls

Leyendo sobre Marie Curie con mi hija (fotografía de Clark Burdick).

El título del libro es Good Night Stories for Rebel Girls (Historias para antes de dormir para chicas rebeldes). Lo escribieron Elena Favilli y Francesca Cavallo e incluye ilustraciones de más de 60 mujeres artistas; fue financiado a través de una exitosa campaña de financiamiento colectivo. El libro incluye 100 historias de una página sobre diferentes mujeres, incluidas varias científicas. En el perfil de Marie Curie se explica, con lenguaje sencillo, que ella originalmente no iba a ser incluida en por lo menos una de las dos distinciones del premio Nobel que ganó merecidamente. Esta historia me hizo pensar en la frecuencia con que se resta importancia a los logros de las científicas, en la forma en que este fenómeno sigue siendo un problema en la comunidad científica hoy en día y en posibles formas de solucionarlo.

MarieCurie

Marie Curie, la primera persona que ganó premios Nobel (imagen de Wikipedia).

El término “efecto Matilda” fue acuñado por la profesora Margaret W. Rossiter, en honor de la escritora y activista del siglo XIX Matilda Joslyn Gage, quien observó y experimentó el fenómeno en carne propia.4 Hay casos muy conocidos a lo largo de la historia que ejemplifican el efecto Matilda, como lo que estuvo a punto de ocurrir con Marie Curie, como mencioné antes. Otro caso, del cual es posible que hayan escuchado, es el de Rosalinda Franklin, cuyo papel en el descubrimiento de la estructura del ADN a menudo se pasa por alto (Watson y Crick, sus colegas hombres, son mucho más famosos).5 Pero quizás no conozcan a Lise Meitner, quien no recibió el premio Nobel de química en 1944 junto con su colega hombre por el trabajo con el que fincaron los cimientos de la fisión nuclear.6 Nettie Stevens fue una genetista pionera que descubrió los determinantes cromosómicos del sexo de un organismo, aunque quien recibió el premio Nobel en su lugar fue un hombre que describió los mismos conceptos más adelante.7 Por último, Marthe Gautier descubrió la fuente cromosómica del síndrome de Down, si bien el descubrimiento se le atribuyó exclusivamente a su colega durante muchos años.8

Estos son solo algunos casos, difundidos o no, pero hay investigaciones que se realizan en la actualidad que demuestran que el efecto Matilda sigue vigente, a pesar de que por lo general (no siempre) es más sutil de lo que fue en décadas pasadas. Entre las manifestaciones contemporáneas frecuentes del efecto están el número desproporcionadamente bajo de (1) casos en que se propone a científicas para recibir algún premio y lo ganen,9 (2) distinciones para investigaciones realizadas por científicas,10 y (3) oportunidades de colaboración, sobre todo en los campos del conocimiento que se perciben como más “masculinos”.11

Uno podría discutir que no reconocer los logros de las científicas está mal desde el punto de vista de la justicia, simplemente, y que el problema debería solucionarse con base en esa razón y nada más, pero incluso si eso no parece suficiente, también es indispensable considerar las pérdidas ocasionadas por el hecho de que las voces científicas más fuertes y visibles representen solamente a la mitad de la población, pues sabemos que la ciencia avanza mejor cuando diferentes voces forman parte del proceso.12

Solo se han publicado algunas investigaciones respecto a cómo mitigar los prejuicios de género en la ciencia,13 y no pude encontrar ninguno específicamente sobre el efecto Matilda. Sin embargo, tengo algunas ideas respecto a cómo podemos empezar a solucionar el asunto:

  • En primer lugar, debemos esforzarnos más por normalizar la noción de que hay científicas, y tomar medidas para aumentar el número de mujeres entre quienes se desempeñan en el área de las ciencias. (Hablar de cómo hacerlo merece una publicación aparte en este blog y, de hecho, se ha investigado mucho al respecto).
  • En segundo lugar, tanto los hombres como las mujeres deberían procurar activamente pensar en candidatas para premios, colaboraciones o puestos directivos.
  • En tercer lugar, los editores de revistas científicas deberían analizar la proporción existente entre el género de los autores que presentan artículos y el género de los autores de los artículos que se publican finalmente, y asegurarse de que el personal sea consciente de que es necesario trabajar para superar los prejuicios en este rubro.
  • En cuarto lugar, las científicas deben procurar activamente que se dé a conocer su trabajo, y quienes las orienten también deben animarlas a buscar estas oportunidades.
  • En quinto lugar, los líderes académicos deben idear criterios explícitos para determinar la autoría de las investigaciones, educar al respecto a quienes asesoran y apegarse a los criterios en consideración de las contribuciones reales que se hagan a las investigaciones realizadas.

Es cierto que las medidas incluidas en esta lista se enfocan en el reconocimiento del trabajo de las científicas, pero igual podrían aplicarse a otros grupos mal representados y, seguramente, son incluso más necesarias en casos de interseccionalidad (p. ej., una persona que se dedica a la ciencia, es mujer y es una persona de color). Estoy segura de que hay otras medidas que contribuirían a garantizar que se reconozcan de manera justa los logros científicos, y me encantaría conocer las ideas de nuestros lectores al respecto. De cualquier modo, estoy convencida de que no tendría que ser necesario actuar como una “chica rebelde” para que se reconozcan nuestros logros.


RECURSOS EDUCATIVOS


LOS FUENTES

  1. Budden, A. et al. Double-blind review favours increased representation of female authors. Trends in Ecology & Evolution2008, 23(1), 4–6. doi: 10.1016/j.tree.2007.07.008
  2. Bornmann, L. et al. Gender differences in grant peer review: A meta-analysis. Journal of Informetrics, 2007, 1(3) 226–238. doi: 10.1016/j.joi.2007.03.001
  3. Moss-Racusin, C. et al. Science faculty’s subtle gender biases favor male students. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2012, 109(41), 1647416479. doi: 10.1073/pnas.1211286109
  4. Rossiter, M. The Matthew Matilda Effect in Science. Social Studies of Science1993, 23(2), 325-341. doi: 10.1177/030631293023002004
  5. Cobb, M. Sexism in science: did Watson and Crick really steal Rosalind Franklin’s data? 2015The Guardian, retrieved from: https://www.theguardian.com/science/2015/jun/23/sexism-in-science-did-watson-and-crick-really-steal-rosalind-franklins-data
  6. Crawford, E. et al. A Nobel Tale of Postwar Injustice Physics Today, 1997, 50(9), 26-27. doi: 10.1063/1.881933
  7. Lee, J. 6 Women Scientists Who Were Snubbed Due to Sexism. National Geographic, 2013, retrieved from:  http://news.nationalgeographic.com/news/2013/13/130519-women-scientists-overlooked-dna-history-science/
  8. Pain, E. After More Than 50 Years, a Dispute Over Down Syndrome Discovery. Science2014, retrieved from  http://www.sciencemag.org/news/2014/02/after-more-50-years-dispute-over-down-syndrome-discovery
  9. Lincoln, A. et al. The Matilda Effect in science: Awards and prizes in the US, 1990s and 2000s. Social Studies of Science, 201242(2), 307-320. doi: 10.1177/0306312711435830
  10. Maliniak, D. et al. The Gender Citation Gap. APSA 2013 Annual Meeting Paper; American Political Science Association 2013 Annual Meeting. Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=2303311
  11. Zeng, X. et al. Differences in Collaboration Patterns across Discipline, Career Stage, and Gender. PLoS Biology, 2016, 14(11): e1002573. doi: 10.1371/journal.pbio.1002573 
  12. Freeman, R. & Huang, W. Collaborating with People Like Me: Ethnic Coauthorship within the United States. Journal of Labor Economics, 2015, 33(S1), S289-S318.doi: 10.1086/678973
  13. Pietri, E. et al. Using Video to Increase Gender Bias Literacy Toward Women in Science. Psychology of Women Quarterly, 2016, online ahead of print. doi: 10.1177/0361684316674721

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